lunes, 13 de enero de 2014

Bautizo, Bodas y Cumpleaños.

 Un poco sobre la cultura. En este tiempo he asistido junto con mi familia a varias celebraciones como bodas, cumpleaños y bautizos. Todas ellas son muy similares. Todos se visten con sus mejores ropas, las mujeres eligen los mejores bindis para ponerse en la frente, los hombres se llenan de colonia, las señoras usan sus sarees más elegantes y a los niños los llenan de color en los ojos y ponen coloridos y elegantes trajes, incluso más que a los adultos.

 No es muy común realizar éstas ceremonias en la casa, normalmente se alquila un salón y todo el barrio está invitado. Cualquier persona que pase por ahí será bienvenida; la comida abunda y nadie se quiere perder la oportunidad de tomarse una foto con los agasajados. Todos los salones están organizados de la misma manera: los invitados sentados en fila en las bancas y los novios o cumpleañeros junto con su familia están sentados en la parte de al frente, en un altar. El altar está lleno de frutas como ofrenda a los diferentes dioses y con velas y aceites para decorar. La persona que está encargada de oficiar el evento llena de flores a los novios o niños y, mientras canta, une a los novios o da bendiciones a los niños. A continuación, en fila van subiendo todos los invitados para formar parte de las fotografías y, más tarde, se dirigen al comedor.


 La hora de la comida es por turnos; hay varias mesas largas y angostas con hojas de plátano extendidas para hacer la función de los platos. Debido a que las mesas son angostas, solo es posible sentarse de un lado de éstas. En seguida pasan las mujeres con las fuentes de comida sirviendo, con la mano, todo lo que haya como imaginarse. Al terminar de comer todos vuelven a sus casas y el siguiente grupo de invitados pasa al comedor. Por su puesto, los agasajados son los que comen al último, porque deben quedarse en la tarima hasta el final, hasta la última foto.



 Siempre es divertido y el mayor entusiasmo de todos es... ¡ir a semejante banquete!

viernes, 10 de enero de 2014

Mis niños

 De nuevo en el proyecto, de nuevo en las clases, de nuevo con mis  niños. Después de varios días sin verlos, los encontré igual de sonrientes, cariñosos, con la misma energía y, por su puesto, igual de revoltosos. En fin, extrañaba todo esto.

 Después de las primeras horas de clase decidimos ir al patio a jugar un poco; el juego fue "Simón Dice" y estaban tan entretenidos y divirtiéndose tanto que, más de una vez, fue totalmente necesario que Simón diga: "vayan a tomar agua", pues con ese calor corrían el serio riesgo de quedar deshidratados. Después de jugar tanto llega un momento en el que la calma remplaza su energía y comienzan a pasearse tranquilos por el patio, a sentarse juntos, a conversar y a quedarse callados viendo el paisaje. En esos momentos yo me quedo en silencio observándolos y tratando de imaginar en qué estarán pensando tanto.





 Ya conozco muchísimo a cada niño de mi 4to grado, con ellos paso la mayor parte del día, por lo que los llamo por el nombre ya sin problema, distingo a los dos gemelos sin equivocarme (ya no pueden hacerme bromas), sé de dónde vienen, con quién viven, cuándo están cansados o cuándo están tristes y, sobre todo, cómo llegar a ellos. Nos hemos acercado mucho en este tiempo y entendido bastante bien, incluso cuando la jornada resulta cansada o cuando se presenta cualquier tipo de problema disfruto pasando tiempo con ellos, aunque sea en medio de sus gritos, porque aprendí a ver que dentro de éstos se esconden risas, muy buenas bromas, conversaciones y problemas. Curiosamente, al aprender ésto el desorden y bulla cesan, ya que se deja de estar "fuera" de la clase y se pasa a formar parte de ella. Nos respetamos, nos molestamos, nos queremos mucho, compartimos juntos y, claro, también nos enojamos a veces, pero el disgusto no nos dura más de cinco minutos. Ahora puedo estar en medio de ellos por varias horas y no se vuelve cansado ni pesado, al contrario, me encuentro junto a ellos disfrutándolos y dejando que me disfruten. En medio de toda su desbordante energía encontré un lugar lleno de tranquilidad para mí y parece que lo notan y que les da mucho gusto el brindármelo.

 Cuando recién llegué y observaba el método de enseñanza, las instalaciones, los libros y sus conocimientos, constantemente me preguntaba cómo harían al crecer, cómo les iría en la secundaria, en qué trabajarían y qué oportunidades tendrían. Siempre pensando en el futuro, siempre pensando en lo que aún no sucede. Siempre pensamos en qué será de los niños en el futuro...¿Por qué es tan difícil ver que ya son alguien en el presente? Son niños felices, alegres, cariñosos y llenos de todo para dar y ahora tengo la oportunidad de vivir con ellos una pequeña parte de su vida. Están bien y es porque saben ver el lado bueno de todo lo que les rodea y dejar atrás lo malo; no se aferran, no se cierran y siguen la corriente con lo que sea que ésta traiga. Deberíamos aprender eso de los niños y tratar de crecer así. Algunos de ellos viven circunstancias tan difíciles y aún así no hay día en que les falte la sonrisa. No hay razón para sentirse mal por ellos, ni por nadie, así solo se pierden oportunidades para aprender. Cada uno tiene lo que le toca vivir  y la oportunidad de salir adelante y ser feliz, lógicamente es imposible que ésto sea lo mismo para todos, sin embargo, la oportunidad de ser feliz sí lo es. No hay por qué compadecerse, solo hay por qué tener empatía, por qué dar, por qué recibir y por qué aprender. Mi trabajo aquí no es ser profesora de inglés, mi trabajo aquí es, simplemente, como ya dije, dar de mí y recibir lo que ellos tengan para mí. Y no es ningún trabajo...es una experiencia gigante.


  

jueves, 9 de enero de 2014

¡Feliz Navidad y Año Nuevo!

 ¡Feliz Navidad y Año Nuevo a todos desde la India!



 ¡Navidad y Año Nuevo en Varkala! Acabo de regresar de mis segundas vacaciones en esta increíble playa-acantilado en Kerala al sur de la India. En este lugar en seguida te conviertes en familia para la gente local y también para los turistas de alrededor. Es para enamorarse.

Nuestro pesebre.

Nuestra cena navideña.

 Aquí pueden ver algunas fotos y el video del show de Bollywood, en el que danzó un grupo de jóvenes por Navidad. ¡Tienen el ritmo en la sangre!

              









 Durante estas vacaciones pudimos, también, manejar una tarde hasta el sur de la India, la última punta, Kanyakumari; en este cálido lugar se juntan el océano Índico, el mar arábigo y la Bahía de Bengala y es conocido por ser uno de los mejores lugares para observar tanto los amaneceres como los atardeceres.

La punta final de Kanyakumari.

Cada día, personas locales y turistas caminan, al atardecer, hasta la punta final de la playa para observar desde ahí la puesta del sol.

2014 empezando desde la India

El primer atardecer... ¡Próspero Año Nuevo!

Darjeeling y Varanasi


 Siguiendo con mi relato de las vacaciones, ahora les hablaré un poco de las ciudades que visité. Tan distintas, pero ambas igual de impresionantes.
  
 Darjeeling se encuentra al norte de la India, separando a ésta con Nepal. Aquí el calor se convierte en frío, las vacas en perros y cabras, las llanuras en montañas, los sarees en pantalones y chompas, esos ojos grandes con pestañas largas en ojos rasgados y las campanas y cánticos religiosos hindúes se convierten en mantras tibetanos. Las calles son estrechas, las gradas empinadas y las construcciones se levantan una al lado de la otra sin siquiera un metro de separación. Darjeeling se encuentra arriba en las montañas; el camino para llegar a este lugar parece ser un pedazo sacado de la película Siete años en el Tíbet. La tranquilidad, el silencio, el té y los chocolates son los elementos por los que se reconoce a esta ciudad, sin embargo, al llegar ahí te encuentras con mucho más. El sol y la luna se ven y sienten más que nunca, no hay a dónde subir, a menos que encuentres una escalera al cielo, solo hay cómo descender y si miras al frente...estarán los Himalayas, tan imponentes que parece, a veces, que están a palmos de distancia.



La vista desde mi Hotel por la mañana.


El tercer más alto Himalaya justo al frente.


Varanasi... ¿Qué puedo decir de Varanasi? Una ciudad hermosa conocida por tener las entradas más grandes y turísticas al Ganges y para mi fue ésto la ciudad: el Ganges. Estuve tres días y dos noches en este lugar y aquí fue dónde comencé a ver los pequeños y grandes rasgos que comparte la India. El sonido del pito de los carros, el singular olor de los bidis que fuman los transeúntes, los templos que puedes encontrar en cada esquina, el sonido de las ollas de arroz en la hora de almuerzo junto con el olor a curry, el tintineo de las campanitas que cuelgan como adorno en los tobillos de las muchachas,  el brillo en el cabello azabache de la gente causado por el aceite de coco, las sonrisas rojas de los hombres y mujeres que mastican tabaco, el olor al té en la tarde, la tranquilidad y seguridad del caminar de las vacas en medio de todo ese escenario, el millar de luces decorando por las noches y la cantidad de gente caminando sobre flores y basura.

 Al acercarse al Ganges una pequeña brisa calma el calor del día y hace frescas las noches, incluso las vacas parecen disfrutarla sentadas al borde de la orilla mirando al horizonte, parece que divagan acerca del sentido de la vida o, tal vez, solamente de la razón por la que son sagradas. La ciudad se une al Ganges por pequeños y grandes callejones cada pocos kilómetros; aquí el ruido parece ser tragado por el agua y en su lugar enciende el sonido de los pensamientos. El sol rojo y tomate del atardecer baña todo el río, a las casitas, a los templos, a los botes junto con sus dueños y, también, a los niños que se pasean ofreciendo velas para depositar al anochecer en el agua.

 Nunca voy a olvidar el paseo al atardecer en bote que hice en este río. Junto a un mono como compañero de tripulación (muy apto en caso de que cualquier problema se presentara) vimos como la gente se acerca bajando los escalones al río a lavar su ropa, a hacer ofrendas, a bañarse o tan solo a pasar un momento en compañía de las tantas historias que el río les ofrece. Al oscurecer comienzan las ceremonias de cremación. A las afueras de los templos que dan a la orilla, los familiares se reúnen a dejar que las llamas envuelvan los cuerpos de sus seres queridos para después dejar que el agua se los lleve y descansen en paz. A menos de cinco metros de esta ceremonia, está la ceremonia de la vida: tres hombres vestidos de blanco la ofician con la ayuda de varias mujeres que danzan con velas en sus manos. Mientras ésto ocurre, todos los botes se van acercando y anclando frente a la orilla para contemplar, desde el agua, este hipnotizante ritual. Al finalizar, saltando de bote en bote, regresas a tierra, donde puedes coger una de las muchas velas y depositarla en el río junto a las cientas que ya están. Éste se llena de ellas y a pesar de que la luz del atardecer ya no baña ni ilumina al Ganges, parece que el sol se ocultó en el fondo y que desde ahí desprende toda su luz ahora. Tal vez por esto los hindúes dejen allí a sus muertos, la luz de su atardecer se apaga, sin embargo, desde las profundidades vuelven a emanarla.





Ceremonia de Cremación.

Ceremonia de la Vida.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Viajar en tren

 Después de un largo período sin escribir…por fin vuelvo para hablarles un poco sobre mis vacaciones. En el mes de octubre tuve la oportunidad de hacer un viaje de casi dos semanas por el norte de la India. Junto con dos voluntarias más visitamos Calcuta, Darjeeling, Varanasi, Bophal y Mumbai.

 Logramos hacer esta pequeña gira viajando en tren por las noches y quedándonos un par de días en cada ciudad. Al contrario de ansiar los destinos y que se vuelvan tediosos los viajes, me encantaban esas largas noches en los trenes, en las que siempre ocurriría algo para cautivarte o motivarte. Para poder hablar sobre los trenes en la India, primero tengo que hablar sobre las estaciones de trenes en la India, pues coinciden en varios puntos. Ambos son grandes, ruidosos, llenos de gente, llenos de vendedores ambulantes, de niños semidesnudos corriendo peligrosamente por las rieles y pidiendo unas cuantas rupias, de mujeres con coloridos sarees cargando a sus bebés con la mano derecha y ahuyentando a las moscas con la izquierda, de hombres de edad caminando apaciblemente entre toda esta escena sin parecer prestar atención, de mujeres a las que el pelo les baila hasta las rodillas, con apenas ropa que las cubra, cantando y rezando en voz alta y, por último, turistas con la mirada perdida tratando de encontrar el tren correcto sin ensimismarse ni en las mujeres, ni en los niños, ni en el olor a comida ni en los diferentes sonidos. A este último grupo pertenecí yo por algunos días. Dentro del tren las diferencias con la estación son el espacio y que el paisaje comienza a moverse constantemente. En cada compartimiento hay espacio para ocho personas; a un lado del pasillo hay dos bancas enfrentadas, con espacio para tres personas en cada una y al otro lado del pasillo hay dos asientos enfrentados. Una vez entrada la noche, cuando se recoge la comida, cuando se retiran vendedores de té o café y cuando, poco a poco, comienza a invadir el silencio al tren, se bajan dos camas sobre cada banca para tres personas y una en los asientos enfrentados. De esta manera las personas duermen en, se podría decir, tres pisos diferentes. Claro que así sería si hubiera un asiento por persona, pero muchas veces, familias enteras compran tan sólo un asiento, por lo que termina la madre acurrucada con sus hijos en una cama y el padre tendido en el piso sobre una estera. Más de una noche el asiento enfrente mío estuvo ocupado por familias así, por lo tanto hasta la hora de subir a las camas, compartimos miradas, espacio, preguntas, sonrisase, incluso, comida. Tal vez estas familias no tengan la cantidad suficiente de rupias para comprar más de un asiento, pero siempre tendrán algo que ofrecerte… Cómo si su sonrisa no bastara.

Hermosa mujer con su hijo compartiendo el asiento conmigo.

 Durante la noche el único sonido que se escucha es el viento rompiendo contra el tren, a medida que éste va avanzando y de las rieles que soportan su peso. Sin embargo, siempre habrá algo que interrumpa este silencio. Los eunucos, vestidos con sarees llamativos, con varias capas de maquillaje y con bisutería en cada parte del cuerpo, escogen las horas más altas en la noche y las más tempranas en la mañana para hacer su recorrido por todos los vagones. Hablando a gritos entre ellos y chocando sus palmas van pidiendo dinero a todos los hindúes que puedan encontrar. No respetan el sueño, la condición o la edad, y más que pedir el término correcto para utilizar sería exigir, pues las reacciones que tienen cuando son rechazados no son agradables. En la India el número de estas personas es muy grande, personas que no se declaran ni hombre ni mujer, que desde temprana edad son vendidos por sus padres al ver que existe una inclinación sexual diferente a la aceptada  y que por el resto de sus vidas deberán vivir en grupos apartados, dirigiendo pequeños rituales religiosos, entreteniendo a los invitados en grandes celebraciones y exigiendo dinero a los devotos. Desde un punto de vista se podría decir que son aceptados por la sociedad y también respetados, todos los niños están acostumbrados a verlos y los comentarios que se hacen sobre ellos son escasos, aún así, más que respeto y aceptación, lo que yo he visto es recelo y miedo.


 Los viajes en estos trenes son increíbles, tanto el paisaje que se extiende fuera del tren, como el que se realiza dentro; son como historias que vuelan para que uno las atrape. ¡Tanta linda gente! ¡Tantos hermosos paisajes! Al ver los pequeños pueblos escondidos, los lagos, los árboles, las demás estaciones en las que, irónicamente, su función cambia, pues las personas van allí por las noches no buscando un lugar al cuál ir, sino porque no tienen a dónde ir. Al ver todo esto y ver a toda la gente con la que estás compartiendo la noche dentro, cualquier incomodad y cualquier molestia pasa y el tiempo vuela. Y cómo no iba a ser así si de toda la gente que te rodea se puede aprender. Las molestias y el modo en el que tiempo transcurre también son culturales, en situaciones y lugares así se aprende a vivir el preciso momento y a encontrar la belleza en ello, sea lo que sea. Se deja atrás fácilmente todo pensamiento que no calce y se toma rápidamente todo de lo que se está viviendo. Qué recuerdo del pasado puede llegarte o qué ansia del futuro puede llenarte, si estás en medio de gente que parece haber nacido totalmente consciente de poseer la habilidad para formar parte del presente inmediato y aceptar así la vida. 
I wonder now, how impacted this in who I am now; and what was there inside of me that received the impact in the first place.

 Definitivamente los viajes en tren fueron una de las mejores partes de mi viaje. 



Uno de los paisajes durante el viaje.


viernes, 1 de noviembre de 2013

Mi día a día

Namaskara,

Vuelvo, al fin, a seguir relatando cómo va mi estadía, aquí, en la India. Ahora ya casi han pasado tres meses, lo que quiere decir que ya me queda tan solo la mitad para volver. ¡Cómo ha pasado el tiempo! En este período ya me he establecido y ajustado a mi vida en este nuevo entorno, así que comenzaré contándoles como es mi rutina, de esta manera sabrán como transcurren mis días entre el proyecto, mis horas libres, mi nueva familia e incluso, vacaciones. En definitiva, hablaré un poco sobre cómo es mi independencia y libertad aquí.

Empezando con mi proyecto. De lunes a sábado paso varias horas en una pequeña escuelita, que huele a incienso, flores y a comida regada por el piso. Divido mis horas de trabajo entre los salones de clases aprendiendo kannada de los niños y enseñándoles inglés y entre el patio de la escuela, donde jugamos, reímos, comemos y donde cada mañana los niños cantan el himno y rezan antes de empezar las clases. Este momento, en el que los niños rezan y cantan es cuando comienza el día. A las 9:30 am comenzamos a llegar los voluntarios, profesores y niños.

La mañana en la escuela Vagdevi Higher Primary School.

Previo a esto, yo salgo de mi casa a las 9:00 am, con mi maleta lista y el almuerzo que me manda mi amma, y que también es lo que desayuno, bien guardado. De mi casa a mi escuela hago tranquilamente treinta minutos caminando; todos los días me acompaña el intenso sol, los vehículos, que parecen juguetes gigantes, pues hasta ahora no entiendo cómo pueden manejar a tal velocidad, frenar justo en el momento adecuado (o en el último momento) y cómo es que los conductores están pitando tan constantemente. Parecería que un niño invisible y gigante los estuviera manejando con sus dos manos y haciendo el sonido del tráfico con su voz. Lo más gracioso es que ahora yo también formo parte de ese juego, ya que aunque no pueda pitar ni ir a grandes velocidades, yo también los esquivo como ellos a mí y voy caminando junto, entre y, con más suerte, al lado de ellos. Las cabras, vacas, niños descalzos corriendo y hombres en sus bicicletas o rikshaws fumando bidis (tabaco muy barato en la India) se unen a esta composición. A poco menos de un par de cuadras para llegar a mi proyecto, siempre me detengo a saludar con mi frutero y, por supuesto, a comprar un poco de fruta. Esta tarea no es tan fácil, porque aquí los nombres están cambiados; si quiero mandarinas debo decir naranjas, si quiero naranjas debo decir manzana verde y si quiero plátanos...debo decir plátanos.

Al llegar a mi escuela lo primero que veo y escucho es a mis niños agitando sus manos en forma de saludo y diciendo "Good morning, miss!". Minutos antes de las diez, nos dirigimos todos al patio, donde cada día no puedo creer cómo es que los niños pueden estar tan organizados y portándose bien por tantos minutos. Asimismo, cada día la respuesta es muy fácil también: la India es un país, en el que el rezar a un dios, cantarle, agradecerle o celebrarle es muy importante y común. Desde pequeños están acostumbrados todos los ciudadanos a un sin fin de funciones, a varios momentos de dedicarle un tiempo a su respectivo dios y a hacer todo esto con paciencia. Así que el ver cada mañana a los niños formados, en sus uniformes blancos o azules, con la mano derecha extendida al frente, con los ojos cerrados y cantando...no tiene precio. Siempre trato de sacarle alguna sonrisa a los más pequeños, pero solo lo logré una vez, porque están tan concentrados que lo único que consigo es hacer muecas al aire. Mientras los pequeños están cantando, los más grandes llevan el ritmo tocando los tambores, con tanta habilidad, que después de escucharlos es fácil entender por qué la música de sus fiestas es tan animada.



A las 10:00 am comienzan las clases. Ahí me encuentro en los salones revisando los textos de inglés con los niños, que no es nada fácil. Gracias al hecho de estar en una primaria he podido observar el método de enseñanza desde los grados de los más pequeñitos y este método se basa tan solo en la repetición. Mis niños de tercer y cuarto grado no pueden leer en inglés como se esperaría, pues con el método de la repetición, solo pueden deletrear. Si escribo "dog" en la pizarra, la mayoría lo escribe diciendo "d, o, g". Es por esto que en las pruebas, muchos niños se me acercan a pedirme que por favor les lea las preguntas. Este mismo método llega hasta los deberes. Al realizar algún ejercicio en clase, el profesor escribe las respuestas en la pizarra y los estudiantes las copian y el deber es repetir esto una o dos veces. ¿Cómo razonas con ellos? ¿Cómo les enseñas a pensar y no limitarse a copiar? Sin duda, seis meses es muy poco. Los vacíos de conocimientos básicos son muy grandes y es difícil direccionar las clases. Hay niños que demuestran una gran inteligencia, coincide que todos ellos son los más revoltosos, captan tan rápido todo que su concentración se desvía en seguida, así que en lugar de encaminar la clase, la desencaminan. Aún así, es muy interesante ver las características que los hacen igual de capaces y listos a su manera. Están los dibujantes, los chistosos, los líderes, los tímidos, las que desde tan pequeñas son ya madres completas, los ayudadores, los molestosos, los que se imponen a todo, los callados y los sonrientes. Tantas personalidades y diferentes rasgos, sin embargo, todos ellos comparten la misma gigantesca curiosidad, la misma gigantesca curiosidad que se va perdiendo en la mayoría a medida se crece. ¿Cómo sería si en las escuelas se diera prioridad el enseñar a conservar esta fuente de preguntas y no a tratar de enseñar el mayor número de respuestas?



Siguiendo con mi día, a las 12:40 pm tenemos la pausa de almuerzo. Todos los niños sacan su comida y se sientan en el patio, los más grandes ayudan a los más pequeños y a la final todos hacen fila para lavarse las manos y también toda las moscas hacen fila para irse a posar en la comida regada. Los profesores y voluntarios comemos en la sala de profesores compartiendo la botella de agua y viendo qué clase de comida tiene cada uno. Después de comer, leemos un poco o salimos a caminar por los alrededores hasta que sea hora de comenzar de nuevo.

A las 13: 30 comienzan las clases de nuevo hasta las 16:00. En las horas de la tarde no suelo dar clases, hago que los niños dibujen, o hacemos competencias, cantamos canciones, hacemos trucos de magia o también, cuando estoy con los más grandes, les doy el tiempo para que hagan sus deberes y les ayudo con lo que pueda.

Cuando finalizan las clases, los padres de los niños vienen a ver a los más chiquitos, en sus motos, rikshaws o bicicletas. Los ponen en el asiento de atrás y se van pedaleando, quién sabe hasta dónde, no importa el sol o la lluvia, durante el monzón. Al regresar a mi casa, algunos niños me pasan en el camino en sus bicicletas, siempre deteniéndose para despedirse.

Para entrar a mi barrio hay que cruzar las rieles del tren, justo alrededor de las 16:30 éste pasa, por lo que tenemos que esperar juntos vehículos y personas. Cuando el tren pasa nos sopla un aire caliente y por un momento lo único que ves, oyes y sientes es el tren. Al alzarse los impedimentos para poder cruzar, todos los vehículos prenden los motores y se pelean por ser el primero en cruzar. Todos los niños de mi escuela que viven ahí esperan al igual que yo y que todos y al pasar se van despidiendo nuevamente, pedaleando, caminando, corriendo, con las corbatas en las manos, las medias bajadas, los pantalones sucios y en sus caras están sus dientes blancos blancos siempre a la vista en su sonrisa.